martes, 19 de abril de 2011

El diario de los Personas. Capítulo 1: mi viaje


-         Sé por lo que estás pasando, pero tienes que ser fuerte. Una situación así no se va a prolongar indefinidamente, te lo digo yo.-

La mujer se lleva la pequeña melena negra por detrás de la oreja. Es un gesto que yo conozco muy bien: lo hace siempre que está perdida en sus divagaciones. Aunque en este caso no me haría falta siquiera advertir aquella pequeña rutina gestual ya que ella mira su taza de café con ademán abatido y ausente.
Su rostro refleja un agotamiento extremo, típico de la gente con insomnio: tiene tales ojeras que resulta imposible taparlas ni con el mejor maquillaje, su expresión es vacía y triste, sin contar que ha adelgazado 10 kilos en tiempo récord. Cualquiera diría que unos meses atrás, cuando comenzó a trabajar en mi bufete, hacía que los hombres se peleasen por llevarla el café.

-         No lo hagas por ti si no quieres, hazlo por tu familia, por tu hija.-

En un principio hago un intento de cogerle la mano, pero la luz  matutina que se filtra por el ventanal del Starbucks hace refulgir las alianzas de oro que lucimos en nuestros anulares, llevándome a retroceder en mi acción por respeto a nuestros respectivos. Ambos nos quedamos en silencio, degustando el café de desorbitado tamaño, de precio aún más desorbitado, mientras contemplamos a los transeúntes pasar a través de este gran ventanal. Un centenar de rostros anónimos desfilando frente a nosotros, cada uno con su propia historia personal que contar.

-         Lo lamento. Hace poco que nos conocemos y ya te estoy cargando con mis problemas. Debes pensar que soy patética.- Me dice sin quitar la mirada del oscuro café.
-         No pasa nada, Teresa, estos deben ser momentos difíciles para ti. La muerte de alguien cercano no se supera así como así. Además nuestro trabajo quema mucho, no me extraña que tengas esas pesadillas que…-
-         ¡No son sólo pesadillas! – Dice con un tono decididamente alto, llamando momentáneamente la atención de los demás clientes – Lo siento. Pero es que tú no lo entiendes, nadie puede.-

El silencio vuelve a apoderarse por unos instantes de la conversación, hasta que decido abordar el asunto desde otra perspectiva y centrarme de nuevo en el significado de sus sueños.

El padre de Teresa, Julián, murió hará un par de semanas de un paro cardiaco. No era ningún mozalbete, pero tampoco un anciano, y apenas había degustado los placeres de de los 50 años. Era abogado y profesor de Derecho Civil en la universidad Carlos III de Madrid y el grado de admiración que sentía Teresa por él era tan intenso que eso la llevó a estudiar lo mismo y especializarse en la misma materia que su progenitor.
Desde su defunción, Teresa había sufrido unas extrañas pesadillas protagonizadas por su padre: era enterrado vivo,  tiroteado, desfallecía en mitad de la calle o caía desde una gran altura. Dada la peculiar naturaleza de esas “muertes”, tan distintas a como fue la suya en realidad, yo la sugerí que eso podía deberse a un falso sentimiento de culpabilidad. Esta era una teoría extraída de los diversos libros de psicología que había leído a lo largo de los años.

En esta mesa del Starbucks sigo intentando buscar las palabras adecuadas para ayudarla; y es que odio verla en un estado tan deprimente, sobretodo teniéndola en consideración como la mejor profesional del bufete. Comenzó a trabajar como abogada de la sección de Derecho Civil, especializada en Derechos de familia y sucesiones, con un currículo que puede ser tildado de excelente. La primera vez que la vi por los pasillos no me llamó demasiado la atención, me pareció la típica novata que no sabía ni encender la fotocopiadora.  
Sin embargo, en nuestra primera reunión, sobre el presupuesto destinado al área de Derecho Civil, me sorprendieron su motivación, resolución y empuje. Al final resultó que no era para nada la persona que su máscara reflejaba: es madre de una niña de 3 años, tiene un marido de origen Colombiano activista de derechos civiles de las minorías y además es fan del Bebop, un estilo de jazz muy poco conocido promovido en los 40 por Charlie Parker.

Ah, si, soy propietario del bufete en el que trabaja. Aunque a pesar de esto y de haber estudiado (más bien, sufrido) cinco años de Derecho en la universidad, siempre me apasionó más la psique humana, la psicología en general, pero mi padre dirigía uno de los mayores oficinas jurídicas de la ciudad y lo que se esperaba de mi era que yo continuase con la labor familiar.

Así es como gracias a las diversas presiones familiares pasé mis años de formación bajo el régimen más estricto: tardes con profesores particulares muy reputados, veranos en universidades extranjeras para completar mi currículo y noches salpicadas por las notas que flotaban desde el piano de cola marca Petrof que se disponía majestuosamente en el salón de nuestra gran casa. En ese ambiente de excelencia académica no cabía un pequeño margen para el error por mi parte.

No obstante, no tengo queja, ahora soy de los mejores abogados en materia Penal que existen en este país. Eso sí, sacrificando bastante mi vida personal: sólo tengo a una persona que puede ser tildado de amigo y en estos momentos está ejerciendo de diplomático en Irlanda.
Tengo mucho dinero, el cual no hago más que invertir ya que no soy una persona de gustos lujosos. Gasto lo justo para mi preciosa casa, mi precioso coche, mis preciosos trajes y mi preciosa mujer, una humilde actriz de películas de serie B.

Estaréis pensando que mi vida es bastante fría, sin apenas relación con nadie fuera de mi entorno, pero tampoco tengo necesidad de ampliar mi círculo. Hace años pude ver la verdadera cara de las personas, lo que se oculta detrás de esa gran máscara que suelen llevar la mayoría de los seres humanos para ser socialmente aceptados. Yo nunca fui así, nunca deseé serlo, quizás por eso nunca he podido entender al resto de seres humanos, siendo tildado por ellos de “raro”. Aunque siempre ha habido una extraña tendencia en la sociedad de tildar de “raro” a cualquiera cuya actitud no comprendan.

Volviendo mi mente al asunto que me ocupa, lo que más me gusta de Teresa es justo lo que más valoro en una persona: el hecho de no ocultar su verdadero yo. Por eso ella había conseguido que su jefe, o sea yo, la invitase a un café todas las mañanas antes de entrar a trabajar. Hazaña que nadie, excepto mi esposa, había conseguido antes.

-         Mira, en la otra mesa se han dejado un libro.- Suelta Teresa de improviso.

Ella se levanta en dirección a la mesa individual contigua, cogiendo el libro con ademán instintivo. No deja de parecerme un hecho curioso, suele ser una persona bastante reflexiva en todo lo que hace, es casi como si supiera que aquel libro estaría allí. Aun así, en ese momento yo no le doy  mayor importancia y sigo abstraído en mi cotidiana tarea de tomarme el café, aunque ella no tiene intención de dejar el libro en su lugar original y vuelve a sentarse mientras lo examina.

-         Qué curioso, parece una especie de diario. Fíjate, en la portada pone “Persona”.-

Al oír esa última palabra mi esófago se cierra de la sorpresa, dejando aquel líquido negruzco a medio tragar, haciéndome toser del esfuerzo de expulsarlo. He estado a punto de conseguir un suicidio involuntario, lo cual hubiera sido una noticia jugosa para mi competencia.

Ella no parece percatarse de la sorpresa que había manifestado segundos antes y sigue observando aquel diario. Hasta hoy pensé que nunca más volvería a ver ese extraño objeto, contenedor de verdades conscientes e inconscientes. Ese diario capaz de activar un sexto sentido que permite que los mortales alcancen un sueño ancestral que puede no resultar tan atractivo en la práctica: conocerse a uno mismo.

Ante su visión, sólo se me presenta un interrogante:

-         ¿Quién estaba sentado allí?-
-         Pues creo que una mujer mayor, pero no estoy segura.-

Teresa se muestra rara, como en un sueño, observando ese diario de arriba abajo, pasando las páginas una y otra vez, como si esperara encontrar algo dentro. Intento devolverla de nuevo a la realidad:

-         Igual todavía puedes alcanzar a la persona que lo dejó, deberías ir a mirar.-

Esta sugerencia parece caer en dique seco, ya que ella parece ausente. Aún así, no desisto.

-         Permíteme añadir que si no lo entregamos incurriríamos en un delito de apropiación indebida. Somos abogados, ¿recuerdas? La única manera en la que nos está permitido robar es a través de nuestros honorarios.-

Tras unos segundos, ella vuelve en sí, lo puedo notar por su mirada, tan centrada e intensa como siempre:

-         Sí, tienes razón. Igual no se ha alejado mucho. Ahora vuelvo.- dice levantándose rápidamente de su asiento.

El sonido de los pasos de sus tacones en el mármol, junto a la visión del diario negro en su mano izquierda, me hace retroceder en el tiempo de forma casi imperceptible. Esos pasos de tacón son sustituidos por otros de unos zapatos Martinelli en las baldosas del aeropuerto, acompañado por el típico bullicio que emana de él.

Era el Septiembre de 2001 y yo acababa de volver de hacer unos cursos de Derecho en una conocida universidad de Nueva York. Me dirigía  a casa tras comprobar con desilusión que mis padres no se acordaron de que hoy volvía a Madrid. Resultaba triste aguardar dos horas con tus maletas en el aeropuerto y que nadie apareciera para recogerte.

No fue la primera vez que pasaba: a los 12 años fui a un campamento de verano en California durante dos meses, tras los cuales llegué a Barajas de madrugada con una maleta más grande que yo. Nadie vino a buscarme y terminé pasando la noche en la terminal. A la mañana siguiente tomé la iniciativa y volví a casa en Metro. Al llegar a casa, mis padres me compensaron comprándome todo lo que les pedí durante un mes. Lástima que ese sentimiento de decepción y abandono que he acarreado desde entonces sea de lo poco que no pueden comprar.

Ese día, habiendo pasado 8 años, volvió a ocurrirme lo mismo, con la salvedad de que esta vez tuve suerte y pude coger el metro antes de que cerrara. Mientras esperaba uno de los últimos trenes, mi dolor de cabeza fue en aumento. A los pocos días de llegar a Nueva York comencé a tener una migraña horrible; no es algo que pudiera explicar, simplemente me levanté un día por la mañana y la tenía. Venía y se iba según su voluntad, lo cual me impedía dormir y, si tenía la suerte de echar una cabezada, me asaltaban unas extrañas pesadillas.

Gracias a Dios, tenía las aspirinas en el bolsillo de la chaqueta, así no tendría que abrir ni la mochila ni la maleta en mitad del andén. Saqué un par de píldoras y me las metí en la boca. Tristemente era un gesto que se había vuelto normal en mí. Así, y tras venir el tren, me embutí junto al resto de pasajeros en uno de los atestados vagones del metro. Esto no hizo sino agotarme más aún, por lo que me enfundé los cascos de mi iPod y me abandoné a los sonidos emitidos por el viejo Charlie Parker en su disco “Bebop & Bird”. Escuchar ese disco en aquella época hacia que mi corazón se llenase de nostalgia y dolor, sentimientos que pese a ser negativos, necesitaba sentir para recordar que aún era un ser humano.

Mi casa se encontraba en una zona residencial acomodada del norte de Madrid, bastante exclusiva, destinada a la clase alta tal y como se dilucidaba de los diversos campos de golf que la rodeaban. Era la típica zona que la gente de clase baja, como diría mi madre, llamaba despectivamente “barrio pijo”.
No me disgustaba vivir allí, aunque las comunicaciones dejaban mucho que  desear. Había una caminata bastante agotadora hasta llegar al hogar.

Tras abandonar el vagón, desenfundarme los cascos y salir del tubo del metro pude comprobar cómo la noche se mostraba tranquila y apacible, sin una sola ráfaga de viento. El paisaje emitía una sensación de silencio y oscuridad que me resultaba de alguna manera inquietante, como la calma que precede a la tormenta, lo cual achaqué en aquel momento a un sentimiento de nostalgia. Al fin y al cabo había pasado un par de meses fuera.

Tras salir de la calle principal, me encontré de frente con el parque Paradiso, el cual presentaba una particularidad que me llamó fuertemente la atención: estaba abierto. Por un lado me venía bien, ya que atajando a través de él me ahorraba 15 minutos, pero por otro me extrañó ver las puertas abiertas de par en par a esas horas de la madrugada.
No obstante, mi cansancio y mi migraña me impidieron pensar sobre ese suceso en particular; lo único que hice fue tomarme otra par de aspirinas e internarme en él.

El parque presentaba un camino de tierra en línea recta, acompañado por una serie de bancos de madera enfrentados a ambos lados del césped, todo ello bañado por la tenue luz de las esféricas farolas que se disponían en sucesión al lado de cada banco.

El silencio era la banda sonora que se emitía en aquel paraje, tan sólo acompañada por los leves sonidos de mis pasos en la fina arena y el ritmo constante de las ruedas de mi maleta sonando a mis espaldas.

Al cabo de un rato andando por aquel repetitivo paraje, algo comenzó a pasarme: me paré en seco en contra de mi voluntad. No sólo eso, sentí que mi vista se nublaba, que mis piernas se volvían flácidas y débiles, que mi respiración se entrecortaba y que comenzaban a pitarme los oídos. Mi vista se apagó, eliminado toda imagen de la escena, a la vez que podía sentir un inimaginable malestar recorriendo todo mi cuerpo, tras lo que se oyó un fuerte golpe, como si algo pesado hubiera golpeado el suelo.

Justo después de aquel sonido seco, pude volver a abrir los ojos, encontrándome todo como si nada hubiera pasado: mi maleta, mi mochila e incluso mi dolor de cabeza seguían en su sitio. La única diferencia respecto al pequeño ataque que segundos antes había sufrido era una ligera bruma que inundaba el ambiente, consecuencia de las horas oscuras y tardías en las que me movía.

Tras detenerme unos segundos para tomar aire y reponerme del extraño suceso proseguí mi marcha, internándome en la niebla que ambientaba mi camino a seguir. Según avanzaba pude notar que la niebla se había más densa y más intensa, limitando mí visión del paisaje a tan sólo los bancos, las luces y el camino de tierra.
Cuando comenzaba a encontrar intrigante la longitud del trayecto y la naturaleza de aquella densa bruma, encontré algo en el suelo que llamó poderosamente mi atención. Era un cuaderno de cuero negro dispuesto en medio del suelo. La curiosidad me pudo por lo que me acerqué, lo recogí y lo examiné. Sus hojas estaban completamente en blanco. Lo único que había escrito en él era el título en la portada con una extraña caligrafía: Persona

-         Bonito diario, jovencitos.- dijo una experimentada y anciana voz.

Esa voz logró sobresaltarme. Alzando instintivamente los ojos en la dirección del sonido, me encontré de frente con la figura de una persona sentada en el banco que había al lado izquierdo del camino. Era una mujer anciana de amplia nariz, envuelta en una gran túnica azul, la cual se apoyaba con ambas manos en un bastón de madera. No recordaba para nada haber visto a nadie antes de coger aquel “diario”, aunque tal era mi estado que no podía garantizar nada.

-         No es mío, lo acabo de encontrar.- Respondí resaltando lo obvio.
-         Oh, estoy segura de que es de uno de vosotros. Deberíais llevároslo.-

Aquella conversación resultaba bastante desconcertante, teniendo en cuenta que los únicos que nos encontrábamos allí éramos aquella anciana y yo.

-         ¿Por qué no miráis de nuevo?- Propuso mirándome fijamente a los ojos.

Me sorprendió a mí mismo el hecho de que sin acritud alguna volviese a mirar la primera página de aquel cuaderno, aunque no tanto como lo que encontré escrito dentro de él:

“No hay duda de que esta anciana está senil. No hay nadie aquí excepto ella y yo. Quizás debería llevarla a las autoridades y que la encierren en una residencia…”

Aquellas palabras estaban escritas con mi misma letra. La sorpresa hizo que diese un paso hacia atrás y levantase la vista hacia la misteriosa anciana; aunque para entonces ya no había nadie en aquel banco. Lo único que quedaba era su bastón de madera.

Todos aquellos acontecimientos eran demasiado para mi. Nunca había creído en lo parapsicológico, pero aquella situación era decididamente extraña, de modo que opté por dejarlo todo en aquel banco, cuaderno y bastón, y alejarme con paso apresurado con mi mochila y mi maleta a cuestas.
Me adentré de nuevo en la niebla, hasta que esta me permitió vislumbrar el siguiente banco en el que, con deliberada pretenciosidad, se disponían un cuaderno de cuero negro y un bastón de madera idénticos a los que había dejado atrás. Ese hecho me asustó aún más si cabe, de modo que apreté el paso hacia delante hasta que pasé dos, tres y hasta cuatro bancos parecidos, en los cuales en todos se disponían los mismos objetos.

Me paré, cogí aire y me dispuse a leer el cuaderno para comprobar que no estaba teniendo visiones. No cabía duda, era el mismo que había visto antes. Para zanjar el tema decidí cogerlo, no sin ciertas reservas, y seguir adelante. A medio camino, me di la vuelta para mirar el banco y comprobé que el bastón de madera había desaparecido.

La niebla se hizo más y más intensa a medida que avanzaba, hasta el punto de que no pude distinguir nada a mí alrededor, haciendo el avance mi única opción. De repente, choqué con algo, la niebla se dispersó inmediatamente permitiéndome ver un gran par de puertas de madera azul enfrente de mí. Desconcertado, di unos pasos hacia atrás para comprobar la estructura del edificio. Se trataba de un castillo de enormes proporciones rodeado de una gran bruma que tan sólo dejaba entrever su arquitectura y su ecléctico color azul. Dado el ambiente inundado por la bruma, no había otra solución que entrar; era como si alguien estuviera guiando mis pasos.

Cogí el pomo e intenté abrir la puerta, pero estaba cerrada. Justo cuando resignado iba a dar la vuelta para comprobar si existía otra entrada, del diario negro cayó una llave: era una llave azul con forma de mariposa. Era idéntica a la que pude ver una vez, sólo que no fue en este mundo. Probé mi suerte y metí la llave azul en la cerradura azul de aquellas puertas azules, para descubrir que encajaba. Al girar la llave, ambas puertas se abrieron con gran estruendo y todo fue rociado por una luz blanca, la cual iluminó todos los recovecos de mi oscuro ser.

Al cabo de unos segundos, de esa luz blanca emanó una canción a piano, muy tranquilizadora, acompañada por la potente voz de una soprano. A pesar de no poder ver nada, me sentía como en casa. Una sensación cálida y familiar.

-         Bienvenido a la sala del terciopelo azul.- dijo una voz conocida.

Al abrir los ojos pude comprobar la veracidad de su enunciado: era una amplia sala forrada enteramente de terciopelo azul, cuyo suave olor lo impregnaba todo, en la que no se disponía más que un piano cuyas teclas se tocaban solas a mi lado izquierdo, un espejo de cuerpo entero a mi lado derecho y en el centro una mesa azul acompañada por un par de sillas del mismo color que ocupábamos yo y mi misteriosa anfitriona, la anciana del banco.

Enfrente de mí, en la mesa, descubrí el misterioso cuaderno negro, pero no había rastro de mi equipaje. No obstante, había algo que me hizo olvidar este hecho: al lado de la misteriosa anciana, se disponía alguien extremadamente conocido. Era yo ataviado con un perfecto traje negro de tres piezas y camisa blanca adornada con una corbata de seda del mismo color. Pero, ¿si aquel era yo? ¿Quién era yo?

Con rapidez miré a mi derecha en dirección al espejo para comprobar con horror que no tenía rostro. Este había desaparecido y en su lugar se presentaba una careta oscura. Sin embargo, pese a mi perplejidad, todo aquello parecía una especie de profecía que se cumplía.

-         En este lugar, no podrás esconder tu verdadero ser.-

Una profecía que encerraba una verdad evidente, pero incómoda.

-         Tu perdiste hace tiempo tu yo mismo y por eso no te reconoces.-

Una verdad incómoda y, por lo tanto, rechazable.

-         Estás aquí porque se te ha dado la rara oportunidad de elegir, joven: atravesar la puerta de tu subconsciente e intentar encontrarte a ti mismo o vagar de forma indefinida en las tinieblas de las que procedes. Escoge con cuidado, ya que en cada elección apreciarás ambas caras de la moneda.-

Mirando de nuevo a la anciana pude observar cómo, detrás de ella, se disponía una puerta rodeada por un montón de máscaras con el rostro de diversas personas. Todas ellas eran de gente que significaban algo para mí: estaban mi padre, mi madre, María, Lucas,… aunque de todas ellas me llamó la atención la de la pequeña Nanako. Me quedé un rato observándolas.

-         Todas esas máscaras son tú, y tú eres todas ellas. Tu yo mismo se compone de muchas máscaras, aunque para encontrar la verdadera, la que te define, deberás reunirlas todas. Esas máscaras son tus personas o personalidades. No cometas el error de huir de ellas, acéptalas como parte de ti, o refúgiate en la fría soledad del vacío. Un vacío que no conseguirás llenar con ningún objeto físico.-

Yo ya había visto todo esta elección en los sueños que me asaltaban en Nueva York: me encontraba en el centro de una gran habitación blanca. Mis padres estaban en el lado derecho sujetando una puerta y María estaba en el lado izquierdo sujetando otra. La pequeña Nanako estaba conmigo, cogida de mi mano, mientras me mostraba dos llaves: una de plomo y otra con forma de mariposa. Sabía que, dependiendo de la que eligiera, se me abriría una puerta u otra. La gran pega era que siempre me despertaba antes de la elección, pero ahora me era posible continuar la historia.

Con precaución me levanté cogiendo el diario, al que a partir de entonces llamaría “diario de los personas”, e hice ademán de ir en dirección a la puerta a sus espaldas; pero ella levantó la mano para detenerme, volviéndome a sentar de nuevo.

-         Antes de irte, deberás escoger tres cartas que decidirán tu destino. Detrás de cada una de ellas pueden encontrarse o bien tu salvación o bien tu perdición.-

Con un chasquido de dedos de mí, o sea de la persona que estaba al lado de la anciana, descendieron del cielo 22 cartas postradas boca abajo en fila de 3, excepto la primera, que formaba una especie de cúspide. No me detuve mucho tiempo a escoger y lo hice prácticamente por intuición: las penúltimas de las tres filas. Con un giro de muñeca en el aire la anciana dio la vuelta a las cartas elegidas, desapareciendo el resto.

-         Interesante. El enamorado, la muerte y el juicio. Estas cartas demuestran claramente tu verdadero ser. Puede que tu sitio no esté aquí, después de todo.-

Me metí las tres cartas en el bolsillo y yo, es decir el ayudante de la anciana, chasqueé los dedos, tras lo que apareció un gigantesco reloj de pared que cubría todo el techo; sus agujas comenzaron a girar rápidamente. Empezaba a sentirme desaparecer.

-         Recuerda esto, joven: cuando no sepas quién eres, escucha a tu alma. En los versos de su poema encontrarás tu verdadero yo.-

Y así, una potente luz blanca me envolvió de nuevo, haciéndome desfallecer una vez más.






[El verdadero viaje comenzará la semana que viene con el Capítulo 2]

lunes, 18 de abril de 2011

Reflexiones iniciales sobre "El diario de los Personas"

"La noche es silenciosa, reposan las calles,
en esta casa vivió una vez mi amor.
Ella dejó hace tiempo la ciudad.
Mas la casa permanece, en el mismo lugar.


También hay allí un hombre que levanta la mirada
y retuerce sus manos por el dolor angustiado;
Al ver su rostro, me horrorizo...
¡la luna me muestra mi propia faz!


Tú, mi doppelganger, tú, pálido camarada,
¿Por qué remedas mis penas de amor
que en este sitio padecí
tantas noches, tanto tiempo?”


Estas líneas fueron creadas por Heinrich Heine en 1828 para una de las canciones de la obra “Schwanengesang” (“Swan Song” – la canción del cisne traducido) de Franz Schubert el mismo año de su muerte. Titulada “Der Doppelganger”, que puede ser traducido como “el doble”, hace alusión a la otra parte de nosotros mismos.

Esas líneas no son mías y ni siquiera me inspiraron para la obra que os presento esta semana (las descubrí unos meses más tarde), pero el hecho de que el estilo sea parecido al mío y refleje cierta parte de la trama del presente relato me ha llevado a querer compartirlas con vosotr@s.

Ahora bien, no penséis por esto que soy un intelectual que se sienta con las piernas cruzadas enfrente de su chimenea mientras escucha las grandes obras de Schubert. Me gusta la música clásica, no lo niego, de hecho estudié durante 10 años acordeón y llevo 2 con la flauta, lo cual resulta curioso ya que desentona con mi look de rastafari blanco. Sin embargo no fue en la obra de Schubert donde los escuché por primera vez, en otra ocasión os comentaré dónde lo hice.

“El diario de los personas” es una obra puramente psicológica. Si creíais que “Don´t Forget” a veces pecaba de situaciones imposibles o sacadas de quicio, en esto preparaos para encontraros con sueños, visiones y arquitectura imposible al más puro estilo de obras audiovisuales como “Origen”.

La primera parte comienza en un “Starbucks” del centro de Madrid en el que un abogado, dueño de un prestigioso bufete, se toma un café matutino junto a una de sus subordinadas. En medio de todo ello se toparán con un objeto que hará a nuestro protagonista rememorar uno de los momentos más importantes de su vida.

Qué rollo de argumento, ¿no? Suena simple en un principio, pero os aseguro que la cosa se irá complicando según leáis. Los que me conocéis ya sabéis lo poco que me animan los inicios, pero en este caso me resultó muy entretenido el hacerlo, ya veréis a qué me refiero….

Nada más que comentar de momento, todos los intríngulis que os deseo contar lo haré en su momento en las claves pertinentes. Sin más, os animo a que dejéis en la puerta todo cuanto llevéis encima: llaves, preocupaciones, deseos, sueños… y entréis en la sala del terciopelo azul. Os estaré esperando.


Donald Light.







lunes, 4 de abril de 2011

SPOILERS!!! Las claves de "Don´t forget"

[Advertencia: este apartado es sólo para aquellos que ya han disfrutado (o sufrido) “Don´t Forget” por completo. Declino toda responsabilidad si se lee sin terminar la obra primero.]

Cuando te preguntan de dónde sacaste la idea para tu obra, te dan ganas de coger a quien te lo ha preguntado, ponerle a parir enfrente de todo el mundo, llamar a los de seguridad para que se lo lleven fuera y le den una paliza. Esto es lo que comentó uno de mis artistas favoritos, Alan Moore (creador de “wachtmen” y “V de Vendetta”), sobre lo complicado que resulta el proceso de crear una historia de la nada.
Comparto totalmente su opinión, y es que para un escritor el contar de dónde le vino la idea o la inspiración a la hora de ponerse frente a un papel en blanco resulta un sobreesfuerzo mental de dimensiones épicas.

No me considero distinto al resto de mis colegas escritores, por lo que explicar de dónde salió la idea para crear un relato de tan eclécticas características sería confuso y pedante (¿aunque no son todos mis escritos así?). Supongo que puedo resumir mi “inspiración” en dos figuras características que terminan siendo el eje fundamental de “Don´t Forget”:

  • “Shutter Island”.
                     


El protagonista de esta sobresaliente película, Teddy Daniels (interpretado por Leo Di Caprio, siendo la peli una adaptación de la novela del mismo nombre), resultó ser toda una inspiración para este humilde escritor. Es más, fue la misma noche en la que pude disfrutar de la película cuando escribí la primera página de mi relato. Intentando no desvelar la trama de la película diré que el final de la misma, en el que uno de los personajes acepta su locura como una parte indispensable de sí mismo sin la que no podría subsistir, fue la base sobre la que sustenté “Don´t Forget”. 

Nada más que decir al respecto, ya que no quisiera fastidiar el final a aquellos que no han podido disfrutar de un film que todo el mundo debería ver por lo menos una vez.


  • Demi Lovato.


Os preguntaréis ¿Por qué precisamente una artista de Disney ha venido a acaparar el protagonismo de un relato así? Pensad en lo siguiente: cuando érais jóvenes, ¿vosotros a quién idolatrabais? Si, ya sabéis a qué me refiero. Ese actor/actriz, modelo o cantante que os traía loc@s y por el que os pasabais el día suspirando, deseando poder pasar 5 minutos a solas con él/ella. Tomando como base ese pensamiento, decidí llevar este al extremo, hasta el punto en el que el individuo en cuestión llegase a creer que realmente tiene una relación con su ídolo.

Así, no es de extrañar (teniendo en cuenta la edad de John Doe, el protagonista, atravesando su adolescencia) que escogiera a Demi como la “femme fatale”, siendo ella una de las artistas “teen” más aclamadas del momento. No habría podido llevar el personaje de Demi adelante si no llega a ser por una de las mujeres más especiales de mi vida (gracias Meli) quién me ayudó a perfilar aspectos de su personalidad e incorporar la letra de sus canciones a la trama en forma de diálogos. Estoy altamente satisfecho de su incorporación en la obra, ya que su presencia termina siendo acertada y (lo más importante para un escritor) coherente al final.


Tomando ya la obra “per se”, voy a explicaros sus pormenores tomando como referencia los 3 capítulos.


Capítulo 1: Apertura

Lo primero que uno observa a la hora de ponerse a leer el relato es la tonalidad azul empleada en las letras, ante lo que la reacción más frecuente es: “¡Puta mierda! Este blog es basura, y el que lo ha escrito también...”
Los más pacientes, no obstante, habrán observado el objetivo detrás de la tonalidad azul: representar el estado de conciencia del protagonista. Simbólicamente, el color azul es percibido como el color típico de los sueños; esto, unido al hecho de que los tiempos verbales empleados en esos fragmentos sean en presente, indica que el protagonista siente que todo es un sueño (una pesadilla, más bien) del que no puede despertarse. Lo único en lo que piensa es en encontrar a Demi y volver a vivir la vida que había llevado hasta el momento. Así, mientras que el pasado es su verdadera realidad, el presente es una horrible transición que debe atravesar.

Este primer capítulo es el más “pasteloso” de todos, ya que se nos presenta a Demi y a John como dos individuos totalmente enamorados el uno del otro, populares en el instituto y envidiados por el resto. Huelga decir que todo esto es pura fantasía del protagonista. Él en realidad, tal y como se demuestra más adelante, es un chico del montón, sin ninguna habilidad en especial y cuya vida no es diferente a la del resto. Si en sus fantasías junto a Demi se presenta como un chico popular, con buen físico y atractivo, él en la realidad es todo lo contrario. Incluso dentro de sus fantasías llega a renegar de sus propios gustos, arremetiendo contra ellos, como cuando usa de forma despectiva la palabra “friki”.

El punto álgido de este primer apartado es la desaparición de Demi, que deja a nuestro esquizofrénico protagonista sumido en un estado de shock. El por qué Demi desaparece si tan solo es una fantasía del subconsciente desatado de John es un asunto que el Dr. Feelgood ya trata en el tercer capítulo: sucede siempre en la fecha en la que su antigua novia, Lettice, le dejó plantado. En realidad la escena de la colina ocurrió realmente, aunque sin Demi claro está, por lo que la llamada que recibe John es verdadera (“La comida ya está, ven a cenar cuando puedas. ¿Hijo? ¿Me oyes?”) y el teléfono que cree recoger enfrente del puesto de comida no es más que un objeto intangible (por más que insistiera su “hermano” en que él lo dejó allí).

Todo resulta bastante confuso, ya que hay ciertas cosas que ocurren de verdad y otras que ocurren dentro de la mente del protagonista, aunque hay un elemento que es común a la consciencia e inconsciencia de John: “The sickly lover”.

En esencia, se trata de un relato metido dentro de un relato para que podáis leer mientras leéis.

Yo, dawg

“The sickly lover” es una descripción específica de la verdadera vida del protagonista, en la que su ex-novia se marcha con otro chico dejándole sólo y desamparado, al estilo de las infames canciones de Enrique Iglesias (antes de que se pusiera en plan “tonight i´m fucking you, bitch!”). Tal y como se indica más tarde, el trastorno que le supuso la ruptura le llevó a crear este relato y escribirlo un día tras otro desde que ella se marchara.

Por otro lado, puede parecer que el tema de las mariposas es demasiado recurrente a lo largo de la aventura, pero esto es así por un motivo. Desde un punto de vista simbólico, las mariposas representan la alegría y la libertad, dos aspectos que son el ideal al que aspira nuestro protagonista, el cual se siente encerrado en su mundo. El escritor oriental al que hago referencia es Zhuangzi, y el sueño de la mariposa es parte de uno de sus libros, el cual dice así:

Una vez Zhuangzi soñó que era una mariposa, una mariposa que flotaba y pululaba alrededor, feliz consigo misma y haciendo lo que quería. Ella no sabía que era Zhuangzi. De repente se despertó y allí estaba, un verdadero e inconfundible Zhuangzi. Pero no sabía si era Zhuangzi quién había soñado que era una mariposa, o una mariposa soñando que era Zhuangzi ¡Entre la mariposa y Zhuangzi debe haber alguna distinción! Esto es lo que se conoce como la transformación de las cosas.”

Esto me supuso tal impacto hará un par de años, que aún sigo sacándole un significado nuevo cada día. Estaba deseando poder usarlo en un relato y creo que su incursión en “Don´t forget” resulta acertada dado el carácter bipolar y simbólico de la obra. ¿Vosotr@s qué creéis?


Capítulo 2: la feria de las revelaciones

El capítulo 2 comienza justo donde queda el 1, en la habitación de Demi, salvo por una diferencia: el marco temporal. En este punto se cree que han pasado tan sólo unos días desde la desaparición de la supuesta secuestrada cuando en realidad, y tal como se explica más adelante, han pasado dos años. La casa en la que comienza el capítulo 2 es en realidad la de Lettice.

El lector se da cuenta por primera vez de que definitivamente algo no va bien en la cabeza del protagonista; este ve a Demi siguiéndole a todas partes, la cual le acompaña cual fiel Pikachu en su aventura. De hecho es la propia Demi la que le guía en sus pesquisas para encontrarla, proporcionándole toda clase de pruebas: desde fotos hasta fechas, lo que le lleva a la feria. Por supuesto John presupone que esas apariciones de Demi se deben al dolor que le ha causado su desaparición, en ningún momento llega a creer que de verdad padece una seria enfermedad mental, sólo juguetea con la posibilidad.

Volviendo a la feria, se trata de probablemente el lugar más trascendental para la mente del protagonista. Simbólicamente, las ferias son sinónimo de regresión infantil, a nuestro lado más alegre e inocente; ante todo es, pues, un regreso a nuestras raíces. No es de extrañar que en ese lugar se encuentre con personas y acontecimientos trascendentales en su vida, léase:

  • El dependiente del puesto de tiro, cuya apariencia es la de su padre. Un tiroteo simboliza conflicto, de ahí que su progenitor aparezca en ese escenario. Como curiosidad indicar que el hecho de que John no tire ninguna diana salvo la verde no es accidental: el verde es el color del equilibrio y la armonía, sentimientos que alberga cuando se encuentra junto a Demi, hecho que no deja de resultar irónico.
  • La dependienta de la carpa, cuya apariencia es la de su madre. Ella es la que le entrega a Demi el colgante de mariposa, un objeto que adquiere cierta relevancia en la trama. La relación entre el ente maternal y su gran amor simboliza su conflicto interior entre realidad y ficción.
  • La escena del niño y su padre en el laberinto de barras. Se trata de una reproducción de la caída que sufrió en su niñez, la cual le llevó a padecer acrofobia.
  • La noria luminosa. Se trata de un símbolo de las subidas y bajadas morales/emocionales que han ocurrido durante toda su vida. La iluminación, pese a lo evidente que resulta su presencia dado que es de noche, viene a destacar la esperanza que brilla en su interior, que le ha acompañado en los buenos y malos momentos.
  • El bosque olvidado. Esta atracción para enamorados resultó ser un escenario muy conveniente para desplegar otra amalgama de sentimientos empalagosos entre los dos enamorados, los cuales demuestran su estrecho vínculo.

Tras la situación en el bosque olvidado, se vuelve a las letras azules, portavoces del presente, que indican que John sigue su búsqueda. He de añadir que me resultó interesante escribir dos situaciones parecidas en dos contextos temporales tan distintos.
En la feria presente vemos a un protagonista más demacrado que nunca: se ha escapado por tercera vez de la clínica, lleva tiempo sin tomar su medicación, el síndrome de abstinencia propicia que sus alucinaciones sean más agresivas y apenas puede controlar los espasmos que sufre su cuerpo.

En la feria ve flashbacks de la vez que estuvo con Demi allí (él cree que ha pasado una semana cuando en realidad han pasado casi 3 años) que le indican, por lo que él cree, el camino correcto . Así ve cómo fueron al puesto de tiro (que ya no está regentado por su “padre”), la carpa y la noria luminosa, a la cual no puede acceder dada su acrofobia, por más que él la ignorase. Es esta misma acrofobia la que le lleva a la alucinación de los abalorios en el suelo, símbolo de su primer encuentro con Demi, los cuales le conducen hasta el bosque olvidado, no sin antes protagonizar una persecución. Los guardias de la clínica se encuentran allí por mandato del Dr. Feelgood para llevarle de vuelta, aunque John cree que son policías que vienen a detenerle sospechoso de la desaparición de Demi.

Ya en el bosque olvidado se libra una gran batalla contra sí mismo. Una peculiaridad que habréis comprobado si sois hábiles es que, por primera vez, el protagonista habla; esto es así porque al fin va a enfrentarse a sus problemas en lugar de huir de ellos y refugiarse en su mundo. Debe elegir entre Demi (que le incita a vivir en su mundo) y Joe (que le incita a dejar atrás sus elucubraciones). John no está preparado para elegir, por lo que el resultado final que toma su mente es digna de la venganza de Don Mendo: todos mueren. Así termina el capítulo 2 de “Don´t Forget”, con nuestro protagonista muerto mientras observa como una mariposa, símbolo de su felicidad, escapa fuera de su alcance.

Me gustaría puntualizar antes de continuar que he acuñado el término “masturbación afectiva” para definir la relación existente entre Demi y John en esta aventura, ya que el protagonista simplemente juega consigo mismo en el terreno amoroso (Gracias a Optimus Prime por la idea).


Masturbación, jugar contigo mismo


Capítulo 3: John Doe

Tras una escena tan impactante (o, por lo menos, inesperada) me resultaba necesaria una transición entre un escenario y otro. Más que una transición, se trata de un viaje al fuero interno del protagonista el cual empieza a ver ciertos retazos de realidad, aunque no las quiera aceptar.

La insustancial nieve que se forma es una manifestación psicológica de la fragilidad emocional del protagonista, y el aumento de la misma a lo largo del camino es un reflejo de su confusión. Cuantos más retazos de realidad observa, más nieve se amontona para, al final, derretirse; lo cual, junto al hecho de dar la espalda a sus seres queridos, simboliza una vuelta a su locura inicial. Este hecho se reafirma con la acción de tirar el mazo y no romper el espejo, lo que hubiera roto su paradigma esquizofrénico.
¿Por qué no lo hizo? Porque aunque empieza a creer que algo no está bien en él, aún no ha llegado al estado de aceptación.

Los que hayáis leído el relato ya sabéis qué viene ahora (y los que no, no sé que hacéis leyendo esto). Los peores temores de John se hacen realidad: padece esquizofrenia paranoide. La verdad es que las siguientes diez páginas que van desde que John despierta en la clínica hasta el epílogo salieron prácticamente solas, sin esfuerzo alguno por mi parte, desde mis dedos hacia las teclas y de ahí a la pantalla del ordenador. Explicar punto por punto que todo lo vivido por John no fue más que una alucinación propiciada por una ruptura amorosa resultó una experiencia muy placentera, como montar pieza por pieza los trozos de un puzzle que tú mismo has creado.

El apellido del doctor está sacado directamente de la canción “Dr. Feelgood” de Motley Crue; de hecho, si alguna vez se realiza una adaptación cinematográfica preparaos para ver a Herman Feelgood marcándose un “freesyle” en su despacho al ritmo de esta canción después de los créditos. Pero no soñemos despiertos, no creo que Kelsey Grammer se prestase para un papel así, aunque después de hacer de “Bestia” en “X-men 3” y ser partidario de John McCain ya me creo cualquier cosa…


¿POR QUE, FRASIER, POR QUÉ?

Una vez en el epílogo podemos observar que, pese a todo lo que ha pasado, John prefiere seguir viviendo como hasta ahora, con una diferencia fundamental: él ya sabe que todo es mentira. Sin embargo, seguirá usando esa “mentira”, que él considera como su “verdad” personal, para seguir afrontando la vida. De esta manera, lo que antes para él era la realidad, ahora no son más que recuerdos.
Eso explica el final con las letras azules de nuevo. En esa ocasión, John emplea los verbos en pasado para dejar ver que todo es un recuerdo y, además, habla con Demi, lo cual le ayuda a hacer de la experiencia más vívida y realista.

Es un final preparado para destacar una peculiaridad del ser humano, una peculiaridad que apenas es aceptada públicamente, pero que sigue ahí: todos usamos una verdad personal que nos ayuda a seguir adelante día tras día. Una verdad que sólo existe dentro de nuestra mente y realidad. Podéis llamarla Dios, Budha, el destino o Chuck Norris; pero todos tenemos nuestros propios mundos con sus propias creencias, que los demás pueden compartir (como es el caso de la religión) o reprobarlo (como los niños pequeños, o no tan pequeños, y sus amigos imaginarios). Dentro del relato, el propio protagonista usa su propia mente, su mundo interior, para seguir subsistiendo.
Todo esto un tema bastante tabú en la sociedad (excepto cuando se trata de religión y su sobreproteccionismo), pero que no por ello deja de existir y un día, en el que la sociedad sea más abierta respecto a los avatares de nuestra mente, se tratará con el respeto que se merece.

Hasta aquí las claves de “Don´t Forget”, texto en el que he intentado guiaros por el proceso, motivos y simbología que me llevaron a crear este relato. Lamento muchísimo si no he podido lograrlo.

No, en realidad no. Sabíais a lo que os ateníais cuando os pusisteis a leer un texto escrito por un chino bajito, feo y regordete.

Un gran saludo a tod@s y espero veros en mi siguiente relato la semana próxima. Muchas gracias.

Sinceramente,

Donald Light.


PD: La actuación de Kelsey Grammer me ENCANTÓ en “X-men 3” y, además, sus preferencias políticas no quitan que sea uno de mis actores favoritos; pero si no meto chicha en mis escritos el club “anti-Donald” (ahora también en facebook) me cuelga del palo mayor. En serio, ¿por qué se une más gente cada día?


[No os perdáis esta semana la introducción del próximo relato: "El diario de los Personas"]


lunes, 28 de marzo de 2011

Don´t Forget. Capítulo 3: John Doe


Me encuentro sumido en la oscuridad más absoluta. Esperando con paciencia lo que tenga que pasar. Aquí no siento tristeza, tampoco alegría, no siento dolor, tampoco placer… es como si hubiera traspasado los límites humanos.
Al cabo de un rato, algo empieza a caer. Es nieve, pero no está fría, tampoco caliente. Los copos de nieve brillan, iluminando un pequeño camino. Empiezo a andar por él.

Mientras recorro el fosforescente camino, empiezo a escuchar voces.

- Vamos, hijo, despierta. Es hora de que vuelvas con nosotros. Te prometo que a partir de ahora las cosas serán distintas.-

Es la voz de mi padre, el dependiente del puesto de tiro. Aparece frente a mí en todo su esplendor, portando un montón de palabras vacías. Su promesa es demasiado pequeña, demasiado tardía. Decido seguir mi camino y dejarle atrás. La nieve cubre todo el suelo.

- Te quiero cariño, no nos iremos hasta que te recuperes. Volveremos juntos, como una familia, y cenaremos tu comida favorita: lasaña.

Mi madre, la dependienta de la tienda de regalos, me habla, tentándome con manjares culinarios. “Volveremos juntos”, ¿ahora de repente tiene interés en ser una familia? ¿O simplemente quiere aparentar frente a los demás? Decido seguir mi camino y dejarla atrás. La nieve me cubre los tobillos.

- Hermanito, te he hecho un dibujo. Te lo dejo aquí al lado, ¿vale? -

Mi hermana pequeña, que resulta ser la sobrina de Demi, me deja un dibujo en el suelo. En él me veo a mí mismo, con alas y una aureola, rodeado de ángeles, en una vasta pradera rodeada de verde. La confirmación de mis peores temores. Dejo el dibujo en el suelo a su lado y sigo mi camino, dejándola atrás. La nieve, que ya me llega casi hasta las rodillas, hace que me cueste avanzar.

Sigo andando por aquel oscuro y helado paraje, hasta que poco a poco para de nevar y la nieve se va derritiendo, permitiéndome avanzar con mayor premura. Llego hasta el final del camino, el cual se encuentra delimitado por un gran espejo. En él se observa mi reflejo, pero no me veo a mí exactamente; me veo a mí junto a Demi, abrazados y sonriendo, como la pareja más feliz del mundo. Justo al lado del espejo hay un gran mazo, con un propósito claro para encontrarse allí.
Mi decisión no se hace esperar, ya sé perfectamente lo que tengo que hacer, da igual lo que otros me digan. Pase lo que pase, no olvidaré, seguiré los designios de mi corazón. Porque se lo prometí. Cojo el martillo, lo levanto por encima de mi hombro… y lo tiro lejos, hasta que desaparece de mi vista.

Me paro un segundo a observarnos a Demi y a mí, con una sonrisa resplandeciente. Poco a poco levanto la mano izquierda, tocando el espejo; resulta que lo puedo atravesar. Introduzco la mano poco a poco, luego el brazo entero, luego la pierna izquierda y me dejo caer dentro.

¿Qué por qué lo he hecho, te preguntas? Muy sencillo: estoy loco.

Poco a poco mi cabeza se despeja, como si tras haber estado 50 años encerrado en una caverna de repente saliese a la superficie, sintiéndome liberado. Abro los ojos paulatinamente y lo primero que veo es un techo blanco. Miro en derredor y veo un montón de camillas a mis dos lados. De repente me percato de que un hombre en una mesa no muy alejada me mira fijamente y, tras comprobar que estoy realmente despierto, coge el teléfono.

- ¿Dr. Feelgood? Le llamo de la enfermería, su paciente ya ha despertado… sí, ahora mismo… ¿Entonces lo llevo ya?... Muy bien, vamos para allá.-

El hombre cuelga y se dirige hacia mí, empezando a examinarme.

- Te ha llevado tu tiempo despertarte, ¿eh colega?- Dice el hombre intentando darme conversación.

Tras el ligero reconocimiento, me da una especie de pijama blanco y me saca de la habitación. Recorremos una serie de pasillos, todos ellos recubiertos con color blanco; nos cruzamos con diverso personal, sin embargo esto no tiene pinta de ser un hospital, es demasiado tranquilo. ¿Podría ser una clínica especializada? Tras un par de minutos de caminata en los que intento serenar mi mente, llegamos a un despacho cuyo propósito viene anunciado en una placa: Dr. Herman Feelgood, Psiquiatra jefe. Mi acompañante abre la puerta, me empuja con suavidad al interior y se va.

Me encuentro en una habitación muy bien iluminada, dominada por los colores claros, con un ventanal que permite observar una gran panorámica de la ciudad. Justo enfrente del ventanal hay una mesa, donde se encuentra apoyado un hombre que no podría perder el estigma de médico aunque quisiera. Aún así, resulta entrañable, con su semblante afable, su media calva de pelo y su gran barba blanca.
- Ah, buenos días, joven. Soy el Dr. Herman Feelgood, tu psiquiatra. ¿Cómo te encuentras esta mañana?- Pregunta viniendo hacia mi extendiendo la mano.

Mientras se la estrecho con reticencia pienso que no hay motivos para mentirle al respecto.

- Un poco desorientado, pero bien.-
- Eso es normal, hijo. Ahora dime, ¿cómo puedo llamarte? He leído en tu informe que no te gusta que te llamen por tu verdadero nombre.- Pregunta mientras me ofrece un asiento en una de las dos sillas enfrente de la mesa.

¿Qué informe? ¿Es esa carpeta tan hinchada que hay encima de la mesa? ¿Acaso he estado allí antes? En cualquier caso, no quiero usar mi nombre hasta que sea prudente.

- John Doe[1].-
- Muy gracioso, John, veo que eres un fan de la cultura Estadounidense. ¿Pero quién no lo es hoy día, verdad? – menciona a la vez que se sienta en la silla contigua a la mía y recoge el abultado informe que estaba leyendo hasta mi llegada.

Noto cierta tensión en el afable Dr. Feelgood en cuanto abre esa carpeta y la revisa una vez más; al cabo de un rato la cierra y se inclina hacia mí.

- Verás, John, yo siempre he creído que la confianza hay que ganársela, y yo quiero ganarme la tuya. Por ese motivo, voy a ser franco desde el principio.-

Siento que las siguientes palabras que salgan de su boca no van a gustarme nada.

- Estás en la clínica psiquiátrica Benjamin Button para gente con problemas mentales. Ingresaste aquí hace casi tres años, en Enero de 2011. El 12 de Diciembre de este año 2013 te escapaste durante una visita al domicilio de tus padres. Nos llamaron inmediatamente y, en cuanto supimos de tu huída, tuve una intuición de a dónde irías esta vez; de modo que desplegamos a nuestros guardias en la feria de la que tantas veces hemos hablado en nuestras sesiones. Te terminaron encontrando en la atracción el bosque olvidado, tendido en el suelo al lado de una pistola de fogueo de uno de nuestros empleados. Habías sufrido un colapso nervioso. De eso hace 10 días. Has estado dormido desde entonces. ¿Recuerdas algo de lo que te estoy contando? –

Esto empieza a parecer una broma de mal gusto: primero mi supuesto hermano Joe intenta convencerme de que estaba loco y ahora el Dr. Frasier Crane da una vuelta más, queriéndome hacer creer que he estado 3 años en una casa de locos. Me hace tanta gracia que opto por seguirle el juego.

- Había dos personas conmigo en el bosque olvidado. Uno era mi hermano Joe y la otra mi novia Demi, ¿Qué ha sido de ellos?- Espeto con tono cansino.

Ante esa pregunta el Doctor se dedica a sacar un par de folios del informe y entregármelos en mano. Son fotos de Demi y Joe acompañados de varios artículos de revistas.

- La chica se llama Demetria Devonne Lovato Hart, más conocida como Demi Lovato. Es tu cantante de rock favorita, te tiras el día escuchándola. De hecho, tienes tu habitación repleta de cosas suyas. El otro es Joseph Adam Jonas, aunque se le llama Joe Jonas. Pertenece al grupo “Jonas Brothers”, por cuya música también muestras una especial predilección.-

No quiero creerlo y ahí está, frente a mí, las fotos de ambos, junto a pruebas materiales que acreditan la versión del Doctor.

- ¿Me está diciendo que he matado a un par de estrellas del rock?-
- ¿Matado?- El Doctor parece sorprendido por mi pregunta.
- Sí, yo estaba en el bosque olvidado con el arma de uno de los agentes en la mano. De repente apareció Joe diciendo que era mi hermano y que todo era una farsa y al final disparó a Demi diciendo que lo hacía por protegerme y yo no tuve más remedio que dispararle a él… - las palabras salen atropelladamente de mi boca.
- Espera, John, todo eso no son más que manifestaciones de tu subconsciente.-
- ¡No! ¡No lo son! Demi murió en mis brazos, podía sentirla, me manché de sangre la ropa y además Joe me dio en el estómago…-
- ¿Ves alguna marca de disparo en tu vientre John?-

Esa pregunta me deja sin respuesta. Me levanto la camiseta para comprobar si tengo alguna herida o cicatriz. No hay absolutamente nada. El Doctor me ha vuelto a pillar. Ya vamos 2 a 0.

- Mira John, odio tener que volver a pasar por esto, llevamos 3 años así, pero te lo repetiré tantas veces como sea necesario: Joe eres tú. Es simplemente una manifestación de tu subconsciente retratándote a ti mismo en la forma de un hermano y de una figura que adoras, de manera que no te quede más remedio que dar crédito a lo que él te dice. En esencia, Joe es tu parte consciente advirtiéndote de que debes dejar tu mundo de fantasía. Esta vez no quisiste creerle y por eso le “mataste”. Si hablamos de Demi, bueno, la historia ya es más larga.-

Nada más hablar de Demi, mi corazón se dispara, haciendo que casi se me salga de su pequeño habitáculo en mi pecho.

- No va a convencerme de que Demi no es real, Doctor.- digo con la vista nublada.

El doctor suspira y saca otra hoja del informe, comenzando a recitar lo que en él se encuentra:

- Aquí vamos otra vez, no te rindas, quiero volver a los viejos tiempos, recuerda Diciembre[2],… y la que parece ser tu palabra de trance: Don´t Forget[3]. Mira en la ficha de Demi que te he entregado, John. Son títulos de canciones suyas o estrofas de las mismas.-

Lo compruebo, y tiene toda la razón, eso me deja completamente sin palabras. Había llegado a considerar que estaba loco, pero lo decía con un tono casi sarcástico: ¿Cómo demonios se pueden crear personajes y recuerdos de la nada?

- Demi nació unas semanas después de que pasaras una experiencia un tanto traumática en una relación amorosa. ¿Recuerdas a Lettice? Llevabais casi un año saliendo, pero la relación estaba de capa caída. Sospechabas de ella, de modo que la seguiste a la feria y la viste con otro hombre. – el doctor vuelve a coger el informe para relatarme la historia. – Allí les pudiste ver jugar al tiro al blanco, divertirse en la carpa con diversos juegos, montar en la noria y pasar largo rato en el bosque olvidado. Un par de días más tarde quedaste con ella en el mirador para pedir explicaciones y ella cortó contigo, alegando no poder mantener la relación porque se marchaba de la ciudad.-

No puedo acabar de ubicar las imágenes, ni quiero hacerlo, pero por algún motivo sigo escuchando atentamente:

- Eres una persona muy enamoradiza, hasta el punto que ralla lo patológico, y el hecho de sentirte tan despechado te hizo caer en una profunda depresión. Te enjaulaste en tu propio mundo, usando la música como tu principal fuente de supervivencia, abandonando todo lo demás, dejando tu vida encallada en el pasado. Al principio no trascendía demasiado, simplemente pasabas por un momento difícil, pero cuando empezaste a relacionarte exclusivamente con una novia imaginaria tus padres decidieron intervenir.-

Acabo de encontrar su principal fisura en la historia:

- Se ha colado, doctor, mis padres murieron en un accidente hace casi dos años.-
- ¿Insinúas entonces que Kevin, Lucía y Sheryl no son reales?- Replica el doctor sacando otra foto más del informe.

En aquella foto se me ve a mí en navidades junto a otras tres personas con semblante sonriente. Por algún motivo sé el nombre de cada uno de ellos: el hombre es Kevin, la mujer Lucía y la pequeña se llama Sheryl. ¿Por qué los reconozco? ¿Qué hago yo en una foto con ellos?

- Veo por tu expresión que los has reconocido. Me alegro. Buen trabajo, John.-
- ¿Pero y el piso donde vivo?-
- Otra imaginación tuya, John. Después de lo de Lettice odiaste al mundo entero, culpaste a todos por todo. A tu padre le culpaste de tu acrofobia por aquel accidente cuando tenías 5 años, a tu madre de ser poca atenta contigo y obsesionarse con las apariencias y a tu pequeña hermana de no permitirte vivir una vida normal por tenerla a tu cuidado. Les hiciste daño. De hecho, en este mismo escrito que me entregaste cuentas tu despecho hacia tu familia y tu mundo en general.-

No puedo creerlo, me acaba de entregar una hoja de mi relato “the sickly lover”; al final resulta que es real.

- Este relato se lo di a Demi.- Digo con el tono entrecortado por la nostalgia.
- No, John, lo escribiste para Lettice. Pero se fue antes de que pudieras dárselo. Te llegaste a obsesionar con él hasta el punto de que escribías el mismo relato cada día.-

Empiezo a sollozar y reír débilmente: de rabia, de impotencia, de ignorancia,… El doctor Feelgood me consuela tocándome el hombro.

- Tranquilo, John, saldremos de esta. Por lo pronto, empiezas a ser receptivo frente a la realidad, y ese es siempre el primer paso. El siguiente es reconocer que necesitas ayuda.-

Sin embargo, no puedo rendirme tan fácilmente:

- No, no puede ser. Admito que hay ciertas incoherencias en mi historia, pero, ¡venga! No han podido pasar tres años.- comienzo a decir, levantándome de la silla para dar más énfasis a mis argumentos. - Desde que conocí a Demi pasa un año casi justo, no puede negar todos esos recuerdos junto a ella doctor. Además, ¿qué pasa con los 5 días que estuve investigando su desaparición? ¿Y por qué la policía me buscaba si no me acusaban del secuestro? Dígame, doctor, veamos si también tiene respuesta para eso.

El Dr. Feelgood, con la calma que da la experiencia en su profesión, saca unos cuantos papeles de mi grueso informe, lo cual me da tiempo a calmarme y sentarme de nuevo. En cuanto lo hago, comienza a recitármelos:

- 12 de Diciembre de 2011: “La oscuridad lo engulle todo. Un millar de imágenes pasan por mi mente con la misma celeridad que un tren de alta velocidad transita por sus vías.” ¿Lo recuerdas? Te escapaste durante una visita guiada en esta misma clínica, hiriendo a un trabajador en la huída. Te terminamos encontrando aquella misma noche en el mirador, no muy lejos de la feria, con la linterna-boli del celador en la mano.

Esa es la ocasión que encontré el colgante de mariposa.

- 14 de Diciembre de 2012: “Las palabras se dejan caer con fluidez en el papel en el que escribo, al igual que las lágrimas que derramo ante su ausencia. Ni siquiera estoy seguro de cual es la realidad y cual no, ¿acaso no podría estar ya en una especie de sueño o visión “post-mortem”? ¿Acaso no podría encontrarme representando simplemente las fantasías de un esquizofrénico paranoide?” En esta ocasión te escapas durante una visita a un museo y te terminamos encontrando al día siguiente en tu antiguo instituto, gracias a la llamada del director del centro.

Ese fue la vez que me desmayé en el instituto antes de encontrar ninguna prueba.

- Por último, el 19 de Diciembre de 2013, es decir, este mismo año. En esta ocasión te creíamos bastante avanzado en tu estado, de modo que te dimos un permiso para ir a casa con tu familia. Por desgracia te escapaste y, conociendo tus antecedentes, deduje que probablemente irías a la feria. Y así fue.

El doctor espera a que le de alguna respuesta, pero me he quedado sin palabras, literalmente:

- Cada vez que creemos que estás a punto de recuperarte recaes, John. El día 12 de Diciembre de cada año tu comportamiento cambia y vuelves al principio, es como si tu subconsciente estuviera ligado a esa fecha en particular, esa fecha en la que Lettice te dejó y se marchó para siempre.-
-  ¿Y qué pasa con mis pruebas? ¿Los colgantes de mariposa y la foto? ¿Me va a decir que tampoco existen? –
- Oh, no, la foto sí existe. – rebusca de nuevo en el informe.- Hice que la reconstruyeran, aquí la tienes.-

La foto no muestra para nada lo que yo esperaba: puedo distinguir los bordes en los que se ve la noria luminosa, pero en vez de aparecer Demi y yo, aparecen una chica rubia muy guapa y un tío con chupa de cuero que, por algún motivo, me cayó gordo nada más verlo.

- Son Lettice y el chico con el que fue a la feria. Aquel día 19 que creías haber estado en casa de Demi, estabas en casa de Lettice, examinando sus cosas. ¿No te extrañó que la casa estuviera abandonada cuando tan sólo 5 días atrás sus padres aún vivían allí?-
- Pensé que el disgusto les había hecho marcharse. – Digo con tono derrotista, empapado en sustancia lacrimosa.

Antes de que el Doctor fuera a postrar su mano en mi hombro en forma de consuelo, alguien llama por teléfono.

- Discúlpame, John. ¿Diga? ¿Ya están aquí? Muy bien, mándalos a la sala individual de visitas, nosotros vamos en seguida.-

Cuelga el teléfono y se postra frente a mi rostro regado por las lágrimas; con tono amable pero firme se prepara para su alegato final.

- Ha llegado el momento, John Doe. Tu familia está aquí para verte. Pero antes de ir a verles necesito que reconozcas que has estado viviendo en un mundo imaginario. Necesito que reconozcas que te creaste un mundo ideal en el que no tenías que afrontar tus problemas, en el que eras feliz en tu ignorancia. En definitiva, necesito que aceptes que tienes un problema, que eres un esquizofrénico paranoide. Entonces y sólo entonces podré ayudarte. Por favor, John, ayúdame a ayudarte. – arenga con mirada esperanzadora mientras enciende una grabadora y me la acerca.

Sin duda es el momento, me mira con intensidad desde sus ojos secos a los míos húmedos. Me quedo mirándole largo rato, intentando no creer lo que me está contando; pero ¿cómo no hacerlo cuando todas las pruebas objetivas apuntan a su teoría? No es una hipótesis, es un hecho. Y frente a aquel hecho, mis opciones se relegan a un solo camino.

- Me llamo John Doe, soy esquizofrénico paranoide. Hace tres años, mi novia Lettice,…

Tras mi confesión firmemente grabada me llevan a una sala enorme, la sala de visitas, la cual me resulta ciertamente familiar. Dentro me encuentro con tres personas: un hombre de buena presencia, una mujer con rostro dulce y una niña de unos 8 años que me miraba con curiosidad. A mis labios les cuesta ponerse a funcionar y tiemblan ante la posibilidad de emitir un sólo sonido frente a aquellos “extraños”.

- ¿Papá… mamá… Sheryl? So…Soy… Soy yo.-

No necesito más palabras, los tres se abalanzan sobre mí, dándome un gran abrazo. Las lágrimas caenn por doquier, más mías que suyas. Supongo que he vuelto a casa. Aunque, de repente, oigo una voz familiar.

- Te has olvidado…de…nosotros…[4]-

Esa frase me hace, en cierta manera, arrepentirme de mi decisión. Pero poco a poco ese sonido se desvanece en el aire y, con él, su imagen.


Epílogo

Unos días más tarde me encuentro en mi habitación de la clínica. Se trata de una habitación bastante acogedora, bien iluminada y hasta con una mesa para escribir mis relatos. El Dr. Feelgood dice que escribir me hace mucho bien, que tengo gran talento, siempre y cuando no empiece a realizar mil reproducciones de “the sickly lover”.

La pared está llena de pósters de Demi Lovato y de películas como Star Wars, no pueden quitármelos porque monto un espectáculo cada vez que lo intentan. También tengo los dos únicos CD´s sacados por Demi hasta el momento, en edición especial por supuesto. Los escucho siempre que tengo la ocasión. Así mismo, en las estanterías se disponen varias figuras de acción; me encanta coleccionarlas, es como si la fantasía cobrara vida. También tengo varias mariposas disecadas en pequeñas urnas de luz que yo mismo fabriqué. No obstante, lo más importante para mí, y que ocupa un lugar privilegiado, es el dibujo que me hizo Sheryl cuando estuve inconsciente: yo en el cielo rodeado de ángeles. Será bonito verlo en persona algún día. Pero aún no.

Ya es de noche y estoy sentado en mi cama revisando mis escritos cuando el Doctor Feelgood viene a verme.

- Buenas noches, John Doe, ¿Qué tal te encuentras hoy?-
- Perfectamente, Doctor, ¿y usted? ¿Qué tal su mujer y los niños?-
- Oh, genial, no paran de quejarse de que tener un padre psiquiatra es lo peor del mundo. No pueden mentirme.-

Sonrío ante aquello, yo mejor que nadie conozco el poder destructivo de las mentiras, aunque también conozco lo beneficiosas que pueden llegar a ser; en base a eso, he tomado mi propia determinación.

- Verás, John, vengo a informarte de que, tras estos días de relajación que te he dado para acomodarte de nuevo, mañana retomaremos nuestras sesiones.

No puedo negar que tengo ganas, pero hay algo importante que necesito decirle.

- Dígame Doctor: si le dijera que dos y dos son cinco, ¿me creería?-
- Me temo que no, John.- me dice sentándose a mi lado en la cama.- Dos y dos son cuatro por un motivo.-
- ¿Y si en el colegio le hubieran enseñado que dos y dos son cinco? No le quedaría más remedio que creerme.-
- Bueno…si, pero sólo hasta que descubriera la verdad. Al final me terminaría dando cuenta del engaño.-
- Pero, ¿y si para usted sí funcionara esa mentira? ¿No sería estúpido el creer la verdad cuando la mentira es más efectiva?-

El doctor no acaba de entender a dónde quiero llegar.

- ¿Prefieres vivir en una mentira, John?-
- No es una mentira, es mi verdad. Hace poco leí en la biblioteca de la clínica el libro de Serge Kahili King, “Mastering your hidden self[5]”, en el que menciona lo siguiente: “No existe una verdad absoluta, sino tan sólo una verdad efectiva a una nivel de conciencia individual.”-

Herman Feelgood se queda anonadado ante esta extraña revelación en mí.

- Por eso mismo, Doctor Feelgood, en mi mundo dos y dos son cinco. Y eso no cambiará.-

El buen Doctor se me queda mirando largo rato, como esperando que todo fuera una burda broma mía; pero al ver que no era así no puede más que levantarse de la cama con ademán abatido hacia la salida

- Te veré mañana en mi despacho, John. Que duermas bien.- dice sin mirar atrás.
- Que tenga buenas noches, Doctor Feelgood.-

Tras su marcha me quedo solo en mi cuarto, con la verja de seguridad cerrándose enfrente de mí. Eso no coartará mi libertad, no puede hacerlo. Sin moverme del lugar, sentado en la cama, cierro poco a poco los ojos, permitiéndome entrar en un mundo donde todo es seguro, donde nada me hará daño. Un mundo en el que tengo una promesa que cumplir.

 - Gracias por la ayuda, sin ti habría tardado mil años en recoger todos los abalorios.- me dijo con gran sinceridad al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa.
- No hay de qué, es un placer ayudar a una damisela en apuros.-

Nos miramos fijamente, cuando de repente sonó la alarma de su reloj.

- ¡Oh, vaya, mira qué hora es! Sólo tengo 1 hora para ir a cambiarme a casa y llegar a tiempo al cumpleaños de mi sobrina Sheryl.-
-Bueno, entonces te dejaré con tus cosas. A…adiós.-

Me alejé con reticencia de aquel lugar, lamentando no haber dicho ni hecho nada más cuando, para mi sorpresa, ella se acercó a mí.

-¡Espera! ¿Te gustaría acompañarme? Me vendría bien alguien que me echara una mano con esos monstruitos de 5 años.-

No podía creerlo, aquella chica debía ser muy especial.

-Sí, claro, me encantaría.-
- ¡Perfecto! – dijo sin poder ocultar su alegría. – Entonces quedamos dentro de una hora en la plaza del ayuntamiento.
- Allí estaré.-

Ella se fue con ademán feliz y pude verla, una vez en la lejanía, dándose la vuelta hacia mí:

-Don´t Forget[6]-

No lo haría.




              

 [La semana que viene: "las claves de Don´t Forget", un artículo detallado sobre el relato.]   
                 


[1] Nombre ficticio que traducido al castellano podría ser “menganito” o “fulano de tal”; es usado por aquellos que no quieren exponer su nombre a la luz.
[2] Here we go again, don´t surrender, i wanna get back to the old days, remember December
[3] No te olvides
[4] You´ve forgotten… about…us.
[5] Dominando tu yo mismo oculto.
[6] No te olvides